“Sol, nieve, sangre y fútbol” por Adrián Agüero

 Autor: Adrián Agüero

SOL, NIEVE, SANGRE Y FÚTBOL

Para ubicarnos y conocernos

Dicen que la experiencia hace que los humanos evolucionemos y crezcamos. Pero en mi caso lo vivido resulta más que un aprendizaje, un recuerdo tragicómico de mis últimos momentos de adolescencia.

Cerraba el año de 1993 y el club de mis amores Gimnasia  Y Tiro circulaba su primera experiencia en la primera división del fútbol argentino y como siempre fui el estadio que me había visto crecer. Pero esa tarde no la iba a olvidar, no solo por el maravilloso resultado futbolístico sino por sobre todo el dolor de mi rostro.

Para poder entender un poco más lo que comento es bueno retroceder un par de semanas, antes del enfrentamiento del Albo y Estudiantes de la Plata, equipos que pretendían mantener ambos su plaza en la A de los torneos dela AFA.

Como todo joven que terminaba la secundaria me dispuse a viajar a la inefable ciudad de Bariloche.

Rumbo a la sucursal del infierno

Salimos una noche de Septiembre desde el atrio dela Catedral de mi Salta la linda, nos despedimos de nuestros padres, quienes nos daban sendos consejos para la conducta y no hacer las barbaridades que eran contadas por todos lados, sobre lo que hacían los estudiantes en ese lugar que más que una ciudad parecía un portal del infierno. Tras haber realizado todas las promesas necesarias y haberle juramentado a mi madre no probar ni una gota de alcohol en esos 13 días de soledad y llamar a diario a casa.

Logramos subir al rodado que se convertiría en sucursal del más profundo antro de perdición por todo el viaje.

Pudimos romper la barrera de control parental y obligamos a los conductores del colectivo a detenerse casi secuestrados en Manentti un lugar que a hoy no existe y estaba ubicado a la vera de la terminal vieja, el cementerio y un espacio verde oscuro que en medio de las noches salteñas escondía las pérfidas pasiones de amantes, sean estos ocasionales o novios, sean estos parejas heterosexuales o visitantes masculinos de traviesas aventuras.

Para poder amenizar las horas de ruta incorporamos a nuestro equipaje botellas de coca cola, fernet, Fanta, cajas de vino tinto y uno que otro whisky.

El aprovisionamiento nos permitió llegar a la ciudad de Carlos Paz, donde íbamos a hacer noche  para luego seguir a nuestro destino final.

Como habíamos previsto en secreto de los progenitores de cada uno, nos dispusimos con connivencia dolosa con los giasy choferes a salir a bailar al conocido boliche Keops, del cual ya nos habían hablado los antecesores viajantes, que como si fueran depositarios de un legado a transmitirse en tradición oral no contaron sus itinerarios y aventuras.

En este local bailable más que hacer lo que debíamos (bailar), nos dedicamos a continuar con la ingesta de bebidas alcohólicas. Así fue en medio de brindis por amores no concretados, partidos de fútbol perdidos o ganados conocimos inesperadamente a la delegación del Colegio Nacional de Jujuy y como nosotros también éramos pares pero del Nacional de Salta, pegamos la mejor onda desde el primer momento y entablamos una amista inmediata, convirtiéndonos a partir  de ese día en socios de aventuras y desgracias.

Combinados la noche antes con nuestros hermanos Jujeños salimos de la provincia de Córdoba rumbo al ansiado destino sureño. A la altura de General Hacha en la provincia de La Pampa, nos volvimos a juntar para cenar, pero se nos unirían en el parador los insoportables porteños, que a partir de ese momento se convertirían en los enemigos a vencer .en todo lo que pudiéramos encontrarlos.

Enemigos no íntimos

Los provenientes de la gran ciudad, eran de  colegios de la más rancia sociedad porteña, barrio Parque, Recoleta y Núñez. Estos niños bien educados llegaron gritando y ostentando un pretendido dominio territorial que los privilegiaba en todos los lugares por donde circularan.

Consecuencia de esa actitud  de dominancia al momento de pretender ocupar las mesas  del parador la emprendieron fallida mente contra los varones de las delegaciones saltojujeñas. Como fallaron en patoteril actitud pues las caras furibundas de algunos grandullones los hizo retroceder, acometieron inmediatamente contra las mujeres de esos mismos grupos regionales, que sexistamente habían decidido separarse para comer sin tener que tolerar los olores etílicos  de sus compañeros de ruta.

Los porteños al empezar a exigirles a las mujeres norteñas que se retiraran  de las mesas que ocupaban, lo hicieron no solo de malos modos, sino que recurriendo a epítetos que hacían referencia a su origen andino, provinciano o de color de piel y cabeza (cabecitas negras, Bolivianos de M…), ese fue el peor error que cometieron los niños bien de la ciudad de Buenos Aires, pues desato una batalla campal que termino en la playa de estacionamiento del  lugar con una descomunal paliza brindada gratuitamente a los ofensores..

Por suerte todo terminó sin intervenciones policiales, sendos retos de los coordinadores y tras ingerir nuestros alimentos con la satisfacción del deber cumplido retomamos la ruta a Bariloche.

Este lugar  que para el imaginario de muchos de los quedaron en los  hogares parecía un tipo de experiencia con Satán y sus ejércitos, resulto un sitio maravilloso sacado de los cuentos de Heidi o alguna foto de almanaque europeo.

Gigante fue nuestra sorpresa cuando al instalarnos en el primer, segundo y tercer piso del hotel Ayelén, que  solo distaba unos 50 metros de la plaza  principal de la ciudad, del Centro Cívico y  también dela central de policía, cuando nos percatamos que en el hall del mismo hotel ingresaban los porteños, que se ubicarían en el cuarto, quinto y sexto piso.

Por Dios los íbamos a tener que ver todos estos días a los miserables estos, que castigo divino nos vinieron a dar, habiendo tantos hoteles en esta enorme ciudad, justo aquí tenían que venir a caer. Pero bueno nos consolábamos pensando que si era menester volverles a pegar, así lo haríamos con idénticos resultados al primer encuentro sofistico.

Dejando de lado las enemistades manifiestas antes detalladas, iniciamos nuestro periplo por los boliches de  la aun nevada localidad y siempre cruzándonos con los  invasores de la gran ciudad.

Si marchábamos para el cerro Catedral ellos estaban allí,, si nos disponíamos a visitar el punto panorámico, el cerro Otto o la isla Victoria, lo mismo, debíamos compartir con ellos  los guías o el barco o simplemente verlos.

La verdad que en reunión interna habíamos decidido no prestar atención a esta gente  para no arruinarnos el  viaje. Además estábamos tan cerca de la policía que de seguro si nos enganchábamos en sus provocaciones nos guardaban.

Una idea no tan genial

Todo  transito tranquilo  hasta que a uno de los guías Jujeños se le ocurrió la poco feliz idea de organizar  un partidito de fútbol para limar asperezas.

Como era obvio jugaron los mejores de cada banda. Yo no corría ni para atender el timbre así que me dedique a la tribuna, mates e insultos.

Todo transcurrió normal el, partido fue de tono ríspido pero no genero mayores tensiones, es más el resultado  fue un  triste empate en cuatro goles.

Hasta allí todo tranquilo, pero a uno de los muchachos de los aires no tan buenos se le ocurrió gritar un insulto  general a nuestras madres, y como era previsible esto fue la chispa que detono la explosión de furia y violencia.

Para  resumir todo término con  varios detenidos, varios hospitalizados y una hermosa sensación de orgullo por la satisfacción del deber cumplido, pues  nuevamente les dimos lo merecían.

Entre los lesionados estaba yo,  que en un descuido una botella de Coca Cola de medio litro impactara sobre mi rostro, generando la rotura de mi tabique nasal. Reaccione varios minutos después, mientras un grandulon, más bien gordo, me daba puntapiés en la espalda,  el estómago o donde pudiera. Como yo no podía defenderme mucho lo único que se me ocurrió para reducirlo y evitar tremenda golpista que me estaba propinando fue tomarlo de una de sus piernas y morderlo  en la pantorrilla, hasta hacerlo caer al piso. Con una mezcla de sangre de  mi cara y dela pierna del porteño, logre pararme y ver su dolor extremo por lo generado por mi  caninos molares incisivos etc. Pero en una reacción que a hoy no puedo justificar tome la misma botella que habia golpeado y la emprendí contra la enorme masa humana de este joven.

Alguien, no se quién me detuvo y me llevo hasta un lugar más seguro, donde  fui atendido y trasladado al hospital.

Retorno con gloria y más fútbol

El retorno a Salta fue una odisea para muchos ya que tras haber sido liberados algunos otros como yo dados de alta, tuvimos que instalar una improvisada enfermería ambulante. Pero como era previsible también nos preparábamos para las merecidas reprimendas hogareñas.

Al llegar a la ciudad, mi madre encabezaba la lista de receptoras familiares y propinadoras de sendos reclamos. Luego de  una terrible letanía de parte de mi progenitora, papa fue el que le puso el humor que siempre lo caracteriza, y a quemarropas me pregunto “el otro como termino? Peor? Ante la descripción de los hechos y ver en su rostro la satisfacción, concluyo el tema quedando cerrado para siempre.

Lo que no quedaría  cerrado seria el dolor de mi lesionada nariz, ya que el sábado siguiente a mi llegada jugaba Gimnasia y Tiro con Estudiantes de la Plata  y era un partido más  que decisivo para el futuro del Albo en la primera A.

Como era costumbre marche a la cancha luego del almuerzo familiar, prepare los trapos y rumbo a la platea baja del Gigante del Norte. Mi madre había obligado a comprar entradas en un lugar más seguro ya que recién me estaba recuperando de mi linda lesión, ya que mi prontuario futbolístico me precedía y mostraba que era propenso a las riñas.

El partido empezó muy mal, 10 minutos del primer tiempo y estábamos dos a cero abajo y no pegábamos una. Los insultos iban desde la madre de los jugadores propios a  las abuelas de los visitantes. Obvio incluido el árbitro y toda su familia.

Empezó el segundo tempo y ya nos hacíamos en la B, armábamos en nuestra cabeza la posibles modificaciones que se podrían haber hecho en el entre tiempo como para hacer un gol y no recibir una terrible goleada.

Por esas cosas de la vida un loco optimista me tomo de pollo en la ocasión y me daba aliento. Nunca supe el nombre  de este hombre al que no volví a ver nuevamente.

A los 15 minutos del segundo tiempo una jugada sacada de la galera de Pedrito Guiberguis marca el gol del honor, lo gritamos pero no nos hicimos muchas ilusiones. A los 3 minutos después un frentazo espectacular de Fabián González se estrella en el horizontal de la vaya visitante, ya calentábamos las gargantas para un soñado empate.

Cada  jugada era un huuuuu eterno y veíamos como se achicaba el arco de estudiantes, hasta que en el minuto 40 el tigre Amaya en un desborde de Guiberguis y un pase majestuoso de Fabián González anota el segundo.

Todo era alegría y cantos en las tribunas de los cuatro puntos cardinales. Ya no importaba nada, empatábamos después de muchísimo sufrir.

En ese momento de frenético gritar vimos hacer un cambio en el equipo, entraba  después de varias lesiones seguidas el Tanque González, mítico jugador albo que nos había dado muchas alegrías. Lo aplaudimos para darle aliento y pensar en que le haría bien hacer unos minutos de cancha y recuperarse bien para el partido contra San Lorenzo la semana siguiente.

Minuto 46,  se escapa Pedrito Guiberguis, por medio de las líneas defensivas de los Pinchas y pone una pelota que estaba condenada a perderse en la línea de fondo, pero el Tanque decide seguirla recuperarla antes de que la tome el arquero Bossio y tras hacer una travesura infantil, como pisarla hacerlos comer pasto al guardameta rival la toca haciendo una rabona de  lujo.

La sorpresa y la alegría fue tal, quede un brinco nos abrazamos con el loco optimista, estuvimos así varios segundos, que para mí se hicieron eternos, ya que en la emoción no me acorde de mi nariz y cuando me separe de él salía sangre a borbollonees por debajo del vendaje. A esa altura no sabía si lloraba de la alegría o del dolor de mi nariz. Lo que si recuerdo es nuevamente a mi vieja retándome.

Bueno como al inicio del relato, dicen que la experiencia hacen crecer al hombre, pero a mi aun me provoca una nostalgia muy especial, Bariloche y sus aventuras en riñas y el Albo en la primera A.

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